Hace un tiempo le comenté a una amiga de la facultad que se podría hacer un paralelismo entre los niveles del "amor" o de las "relaciones amorosas" y la teoría literaria que distingue los diferentes tipos de narrador. Les expongo lo que me acuerdo de lo que pensé en aquel momento.
Por un lado, tendríamos al "amador real" y al "amado real" que no creo que sea necesario explicar que son, claramente, los entes reales de este sistema que nos incumbe. Ellos son extrínsecos y completamente accidentales para la relación: solo dos personas (lo mínimo que tiene que existir para que se de algún tipo de relación). Pero la cosa se complica, porque en otro nivel de lectura tendríamos al "amador implícito", es decir, no es el amador sino el principio que inventó al amador, bajo el cual se rige, y que amontonó las cartas de una determinada manera para que la "relación" exista y se dé como tal. Al igual que el autor implícito, el amador implícito no tiene voz; nos instruye silenciosamente, diseña a través de una pluralidad de voces subyacentes. Nos podemos dar cuenta de esto analizando las diferentes relaciones que tiene o tuvo cada persona en su vida real. Es decir, es la misma persona, pero en cada ocasión actuó un distinto tipo de amador implícito. Actuó de diferente manera o no. La persona presupuesta por la "relación" no es la persona real: es el "amado implícito". Es decir, la persona presupuesta por el amador implícito. Al igual que el amador implícito, el amado implícito siempre está presente. Pero acá viene lo más interesante. En las teorías de los niveles de narración se dice que el narrador y narratario pueden o no materializarse. En este caso sucede los mismo. El "relacionador" y "relacionario" (terminos que estoy inventando) pueden materializarse o no en la relación. Pueden materializarse como personajes dentro de la relación, escuchando a los amantes reales o no. El amador implícito ha informado al amado real cómo debe comportarse como amador implícito: la postura que debe adoptar. Cuando se acepta el contrato amoroso (estableciendo el paralelismo que planteo con el contrato de la ficción) añado otro "ser": me convierto en un amado implícito o amador implícito. Tanto relacionador con relacionario pueden aliarse o no. Así como la situación del narratario es paralela a la del narrador, la situación del relacionario es paralela a la del relacionador. Toda relación implica un amador real y un amado real, pero también implica un relacionador o relacionario: los que lleven a cabo la relación planteada o presupuesta por los amadores implícitos.
En fin, yo creo que de alguna manera en cada sistema social actuamos de diferentes maneras. Tal vez estas diferentes maneras de ser, dependiendo del grupo social en que nos encontremos inmersos, tienen que ver con la imagen que construimos de nosotros mismos, la imagen que proyectamos, en los diferentes medios sociales. La imagen que tenemos de nosotros en este o aquel grupo. El "auténtico" es el que siempre es igual. Me gustaría, algún día, extenderme más sobre esto, pero quería ir compartiendo mis ideas "locas" después de tanto tiempo sin escribir...
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